He visitado Bocas del Toro con
compañeros y compañeras del sindicato SUNTRACS. He asistido a un curso de Salud
ocupacional muy interesante, del que hablaré en otra crónica. Ahora quiero
escribir sobre un tema que me interesa: cómo la multinacional estadounidense
Chiquita ha jugado un papel determinante en esta región y la ciudad de
Changuinola. Y lo sigue jugando.
Según me cuenta la compañera Jaqueline
del sindicato de Changuinola, hoy trabajan para la compañía Boca Fruits
Company, otra marca de Chiquita, 4.500 trabajadores. Para la Cooperativa
Bananera del Atlántico, otros 800. Y unos 800 como bananeros independientes.
Pero en realidad es Chiquita quien marca las reglas de toda la producción de
guineos (conocido como plátano en España). Chiquita se estableció en la región
por allá 1918. Hace pues casi un siglo. Desde entonces ha estado explotando a
los trabajadores y sus familias con unas de las peores y más duras condiciones
de trabajo. La creación de Panamá como República en 1914 estuvo muy asociada
con la creación del canal de Panamá y con el interés de los Estados Unidos por
el control de ese paso estratégico. Chiquita también aprovechó esta
situación. Todo el pueblo tiene un aire de Macondo, el pueblo de Cien años de
soledad, de García Márquez.
Hace un siglo las familias
trabajadoras vivían dentro de las fincas bananeras. Pero aún hoy siguen
viviendo así. Existe una franja de viviendas entre dos carreteras y allí viven
muchas de esas familias o sus descendientes. A lado y lado, fincas bananeras de
grandes extensiones. Yo he vivido una semana en esa franja donde el SUNTRACS
tiene el mejor y más bonito local nacional. Te levantas de buena mañana y hasta
la tarde ves el trajín de trabajadores con bicicleta, de camiones y furgonetas
cargadas de guineos.
En sus inicios las condiciones
de trabajo eran pésimas. Jornadas de 10, 12 horas o más. Productos químicos
para tratar los plátanos. La gente enfermaba y los trabajadores eran
rápidamente despedidos y echados de sus casas para que no se reconociera la
relación de su enfermedad con su trabajo. Me cuenta la profesora de Salud
ocupacional, Bárbara Mejía, que hace años un joven cayó en una zanja que rodeaba
las casas y se mojó completamente. Por ella circulaban líquidos que echaban a
los árboles. Se fue muriendo poco a poco, secándose, sin que su madre pudiera
hacer nada y sin que la compañía quisiera hacerse cargo de nada.
Por allá los noventa el hijo de
una mujer ejecutiva de la compañía Chiquita también enfermó gravemente.
Entonces ella se enteró por el sindicato y por la profesora que toda la
población que vivía alrededor de las fincas bananeras estaba expuesta a las
enfermedades. La mujer decidió abandonar la compañía donde tenía un cargo
importante y salvar a sus otros dos hijos.
Chiquita, antes Unitet Fruit
Companya, está acusada en numerosos países por ser una multinacional que ha
practicado el asesinato, corrupción y persecución de sindicalistas. Ya en 1928
fueron asesinados miles de trabajadores colombianos que protestaban contra las
condiciones de trabajo. En 1975 fue acusada de sobornar al dictador hondureño
López Arellano. También de usar sus barcos para entrar droga en Estados Unidos
y de competencia desleal y abuso de monopolio por Europa. Más recientemente, en
2007, el propio Departamento de Justicia de los Estados Unidos multó a la
compañía con 25 millones por trabajar con los paramilitares para expulsar a los
campesinos de sus tierras entre 1997 y 2004. Los ataques a las condiciones de
vida de los trabajadores y contra los sindicatos son también uno de los signos
de identidad de tal monopolio.
Pero las prácticas de república
bananera no han desaparecido. Hoy, finales de agosto de 2013, la compañía
Chiquita sigue fumigando las plantaciones y echando agentes químicos con
aviones. Es decir, sigue fumigando también las casas y familias que viven en la
plantación y sus alrededores. Hay que decir que la Cooperativa también hace lo
mismo, sólo que en helicóptero. Los trabajadores siguen cargando en sus
espaldas racimos de plátanos que llegan hasta pesar 70 kilos. Los ritmos de
trabajo son frenéticos pues la demanda del producto exige la mayor
productividad. La población asalariada es de las más pobres de la región y de
Panamá, muchos de ellos son de la etnia Ngäbe Buble.
El puerto de Almirante es el
destino de los contenedores cargados de plátanos. Chiquita tiene su propia
flota de camiones y de barcos. Desde ahí se reparten los plátanos por el mundo.
Esta riquísima y dulce fruta tiene un cierto sabor amargo en Changuinola. A
pesar de los intentos de los trabajadores de construcción, que han conseguido
una normativa de Salud ocupacional para su ramo, aún no existe una ley general
de Salud laboral para el conjunto de la gente trabajadora de Panamá. Un país
cuyos gobernantes presumen de modernos y que mantienen la impunidad para
compañías criminales como Chiquita. El sindicato SUNTRACS y el FAD son
organizaciones que están con la gente trabajadora de las bananeras para que
luchen y se organicen por mejores condiciones de vida y de salud.
Algún día Changuinola dejará de
ser Macondo.
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